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AUDIOLIBRO "ARIA Y EL LIBRO DE LOS SUEÑOS MAGICOS"

NICO Y LAS CRONICAS DE UN JOVEN EXPLORADOR

ARIA Y EL LIBRO DE LOS SUEÑOS MAGICOS

 Abrazo a todos aquellos que ingresan no solo a la pagina de un escritor sino al asombroso mundo de la literatura, un mundo que nunca debe dejarse de explorar porque en el podrán encontrarse ni mas ni menos con ustedes mismos. La literatura ayuda a ser mejor persona, a buscar el camino correcto para transitar la vida, una vida llena de obstáculos e incógnitas pero disfrutable en su totalidad aunque duela por momentos. Soy tan solo un integrante mas de un universo escrito con palabras, con tan solo veintisiete letras pudimos comunicarnos con el resto de la humanidad, y si lo pensamos bien, es algo increíble que con tan poco se haya podido escribir tesoros como la Biblia o el Quijote. Solo soy un simple grano de arena , una diminuta contribución a ese mundo, espero que sirva para que futuras generaciones tambien lo intenten y se animen, de esa manera quienes estén llegando, los nuevos pobladores de territorios, tengan acceso al conocimiento que es el mas grande tesoro que se pueda hallar...



POESIA UNIDA ARGENTINA Y ESPAÑA EN UN TRABAJO UNICO

PRESENTACION DEL LIBRO"EL 60 YA NO ES MAS LO QUE FUE" EN MAR DEL PLATA

MIS POEMAS POR EL MUNDO,RICARDO VONTE ,ESPAÑA

ENTREVISTA EN "CONVERSEANDO POESIA" COLOMBIA-TIZZIA HOLWIN



EL PARAISO QUE NO FUE

Era un lugar maravilloso para vivir. La ciudad era tranquila y segura. Sus habitantes amables. En la costa se extendían grandes playas espectaculares donde las aguas eran limpias y cálidas, la arena fina, la brisa suave. A escasos metros de la costa vivía David. Pero él nunca había apreciado demasiado la belleza de aquel lugar, su obsesión siempre había sido viajar a aquella isla. Desde su más tierna infancia su pasión era ir a la playa y contemplar la pequeña isla que se veía en el horizonte. Para él no había mayor placer que ver caer el sol sobre aquel pequeño trozo de tierra y soñar que algún día pisaría el islote. Siendo niño había pedido a sus padres que lo llevaran a la isla, pero no estaban muy dispuestos a hacerlo. Decían que era un lugar peligroso, que allí el mar estaba embravecido, que sus costas eran acantilados, el clima malo, la vegetación espinosa y sus gentes desagradables. Sus padres no entendían cómo alguien en su sano juicio querría ir allí. Pero las palabras de sus padres no mermaron su deseo de conquista. Y así, con apenas seis años, David, intentó llegar a nado él sólo a esa extensión de tierra. Su aventura no resultó como él esperaba, pudiendo haber muerto ahogado de no ser por un pequeño bote que pasaba por allí. Años más tarde lo intentó de nuevo, esta vez con una pequeña barcaza, pero produciendo idénticos resultados que en su incursión anterior, había sido un fracaso. Sus padres no sabían cómo quitarle esa estúpida idea de la cabeza, ya que tenían miedo de que un día su hijo perdiera la vida en un nuevo intento por pisar aquellas tierras; así que le prometieron que le pagarían un viaje a la isla cuando terminara sus estudios. Su obsesión pareció aplacarse. Pero en Realidad David seguía yendo a escondidas a la playa para ver el atardecer mientras soñaba con el día en que vería aquel trozo de tierra. Cada vez que mencionaba su deseo de viajar hasta allí lo trataban poco menos que de loco. La mayoría trataba de quitarle la idea de la cabeza y otros simplemente creían que hablaba en broma pues no entendían por qué nadie quería ir hasta allí. Durante una conversación con sus compañeros de universidad, David propuso hacer un viaje a la isla. Pero ninguno de sus amigos pareció entusiasmado con la idea, dándole razones parecidas a la de sus padres y decidiendo casi por unanimidad hacer el viaje a las montañas. David no entendía el porqué de la aversión hacia aquel lugar, y seguía yendo cada vez que podía a la playa para ver su preciada isla. Cuando terminó sus estudios en la universidad, David no les pidió a sus padres el viaje prometido. Sabía que se negarían o por lo menos que les daría un disgusto, ya que ellos creían superado su deseo, atribuyéndolo a una de esas fases del crecimiento. Pero su sueño no estaba suspendido ni mucho menos. Los comentarios despectivos hacia la isla por parte de familiares y amigos, lejos de desalentar a David, habían despertado en él mayor deseo de descubrimiento. ¿Por qué todo el mundo odia ese pedazo de piedra anclado al mar? Estaba decidido, iba a hacer aquel viaje. Pero no iba a pedir permiso, ni consejo, ni se lo iba a contar a nadie. Sería su secreto, no quería que nadie le arruinara el viaje. Era un viaje que debía hacer sólo. Como cuando era niño, se echaría a la mar sin contar con compañía alguna. Pero esta vez no cometería las imprudencias de la niñez. Hacía tiempo que había estado ahorrando dinero para el viaje. Salía un barco cada tres días en dirección a la isla. No era un barco turista, ya que nadie viajaba a aquella isla por placer; sino un barco de carga. Había hablado con el capitán y se habían puesto de acuerdo en el precio. El único inconveniente sería que no podría volver a su casa hasta pasados tres días, pero esto no molestó en absoluto a David, sino más bien lo contrario dándole de este modo la posibilidad de conocer un poco más la isla. Y llego el día esperado, subió a ese barco y emprendió el camino a esa isla, su isla. Al llegar, David pudo comprobar con sus propios ojos que todo lo que le habían contado sobre ella era absolutamente cierto. Conforme se acercaba el clima había empeorado, las olas eran más furiosas y las nubes más negras. Pudo comprobar que no había una sola playa en toda la isla sino que estaba rodeada de acantilados. La ciudad estaba sucia, los edificios altos en su mayoría eran feos y estaban poco cuidados. La gente con las que se cruzó parecía malhumoradas, y maleducadas, caminando sin atender a nada más que a ellos mismos. Además, al bajar del barco le habían recomendado que tuviera cuidado con su cartera pues había muchos ladrones por los alrededores. Ahora, mientras esperaba a que saliera nuevamente el barco en dirección a su casa estaba satisfecho con el viaje que acababa de realizar. Cierto que aquella isla era el peor lugar del mundo. Pero gracias a su empeño, había visto como era un amanecer en su patria desde aquella isla. Sin duda el espectáculo más lindo del mundo. Y es que ese viaje le había hecho valorar lo que ya tenía y nunca supo apreciar… Que vivía en el paraíso.


MI MADRE,EL ARBOL Y LOS SUEÑOS

(Perdurables Instantes de navidad en familia) Julio por favor te vas hasta la farmacia y le decís a don Álvaro que te de dos paquetes de algodón…es que me falta bastante nieve… Con esas palabras mi madre me dio a entender que ya era tiempo de armar el arbolito, mire hacia el ya viejo calendario que nos había regalado don Mario, el almacenero de nuestro barrio y allí estaba, el ocho de diciembre marcado en rojo, como un llamado de atención, no vaya a ser cosa que nos pasemos de día, porque eso sería terrible. María, mi madre ,había sacado del placar las dos cajas que contenían todo lo necesario para que ese árbol, el que armaría ese día ,se convierta en el más lindo de la cuadra…en esos tiempos de infancia uno ya había vivido ese alboroto antes pero que se yo, cada fin de año era distinto, tal vez sería porque uno esperaba que de esas cajas apareciera algo nuevo, algo que nos asombrara de verdad…con mucha paciencia mi madre me pedía que le fuera alcanzando los adornos, uno por uno …con cuidado nene¡¡¡¡me alertaba…mira que si se caen se rompen, claro, antes eran delgadas, como si fuesen de vidrio y ante el menor golpe…zas¡¡ se hacían trizas. Alcánzame las rojas me decía, esas van primero, menos mal que los colores ya los tenía muy ubicados, los sabía de memoria, Lucrecia ,la maestra que mejor recuerdo, me los había enseñado de maravillas. Bien nene, ahora pásame las verdes y amarillas esos las pondremos de este otro lado…me decía, y allí seguía mi madre incada ante ese árbol que nunca había crecido a pesar de tantas navidades, luego de tener cada rama completa venían las tiras multicolores que comenzaban en la punta y terminaban tocando el piso, que dicho sea de paso, mi madre le había colocado previamente unas hojas de papel madera arrugadas que también yo había sido el encargado de conseguirlas pero esta vez no en la farmacia si no en el mismo quiosco donde antes de entrar al colegio me surtía de algunas delicias. Alcánzame las plateadas nene, y allí me estiraba hasta la caja más grande y se las entregaba ,a esta altura veía a mi madre como la mejor constructora de árboles de navidad del mundo, era muy detallista, nada se le escapaba…al cabo de un buen rato venia el momento más esperado….la coronación¡¡¡¡esa punta que era tan larga que la pobre ultima rama se bamboleaba para todos lados pero ella con esa habilidad que la caracterizaba le daba dos vueltas con esas cintas de colores y santo remedio se quedaba quietita. Pero faltaba lo peor, el momento más crítico de todos, las luces…no sé si por cansancio o que, mi madre se levantó lentamente ,se estiro un poco y acerco una silla para alcanzar la parte alta del placar, se subió a ella ,estiro los brazos, abrió una puerta y tomo una caja de zapatos, se bajó y volvió a inclinarse delante del árbol, abrió esa caja misteriosa y de ella comenzó a salir una larga fila de cables con luces en apariencia todas blancas y comenzó la pelea, todo era un enredo infernal, no podía encontrar la punta y mientras lo intentaba me hablaba diciendo que si no encontraba la punta seria inútil…después de un forcejeo que duro un tiempo, lo había logrado…aunque era algo que no me asombraría ya que mi madre todo lo podía. Ahora ….atención ¡¡¡la obra maestra estaba a punto de ser estrenada nuevamente, tomo el cable y lo acercó al enchufe en la pared, silencio total, mis ojos ni pestañaban, no se atrevían a hacerlo no querían perderse ni un segundo de ese acto maravilloso…conecto el cable y…gloria¡¡¡si¡¡¡¡el pequeño comedor se ilumino de todos los colores posibles ,las luces se habían vuelto locas de alegría ,prendían y apagan sin tener un ritmo constante…destellaban sin parar y yo quería hacer un juego intentando adivinar cuales colores prenderían después del verde y del rojo y del azul tan hermoso. Ah¡¡¡que belleza entraba por mis ojos, cuanta felicidad sentía ,sobre todo porque era allí donde dentro de algunos días y si hacia las cosas correctas, el señor de rojo vendría a dejarme ese camión de bombero que tanto quería, pero el que tenía la escalerita que se subía y bajaba con una manijita,no quería otro. Para completar el cuadro y para dar un final a esta monumental obra arquitectónica, mama comenzó a poner el pesebre debajo del árbol, también despacio y cuidadosamente…y yo seguía allí, extasiado por tanta maravilla con los paquetes de algodón en mis manos todavía, y sin que mi madre notara que el árbol no tenía la nieve de otros años, bueno eso no importaba, al fin y al cabo lo importante es haber pasado toda una tarde junto a ella, el árbol y los sueños.